Renault Kwid Outsider: mejoras justo donde valen para el eficiente urbanita del rombo

Pusimos a prueba al Kwid, un modelo que desde 2021 da la pelea entre los autos de corte citadino en el país y que ahora suma unas cuantas mejoras. ¿Cómo le sentaron? Es lo mismo que nos preguntábamos.

por José Ignacio Gutiérrez
Kwid

Sin proponérmelo en dos años terminé muy familiarizado con el Kwid, el pequeño citycar de Renault hecho en Brasil para los mercados del Mercosur. ¿Por qué? En junio de 2021 cuando trabajaba en La Tercera me tocó probar el Renault Kwid Fase 1, que había hecho su debut local dos meses antes. Y recuerdo que fui particularmente crítico con el apartado de seguridad, porque hablé de las sensaciones que me había dejado al conducirlo en carretera, a sabiendas de que era un auto extremadamente ajustado en ancho de vías y que no equipaba control de estabilidad. Incluso recibí un llamado inquisidor del que no revelaré origen, pero respondí lo de siempre: escribo lo que siento y no lo que otros pretenden que sienta.

Renault Kwid

Más tarde, en julio de este año salí sorteado en Ruta Motor para cubrir el lanzamiento del Renault Kwid Fase 2 -una renovación por fuera y por dentro de este urbanita- que incluyó una toma de contacto hacia Matanzas, en la costa de la región de Región de O’Higgins. Como si eso no bastara, en septiembre también asistí a la presentación regional en Sao Paulo del Kwid E-TECH, la versión 100% eléctrica del modelo, que se estrenará en Chile en el primer trimestre de 2023. En esa megalópolis también salimos a sumarle kilometraje al más petit de Renault. Entonces cuando el Kwid 2022 llegó al garage de Ruta Motor lo adiviné fácil: era mío por una semana.

Un Kwid más ondero

Lo primero es lo primero. Habrá que decir que esta actualización del Kwid conserva las dimensiones del modelo que irrumpió en 2021, dadas por 3,68 metros de largo, 1.48 m de alto y que solo cambia en ancho, donde ahora gana 7 mm, estacionándose en 1.75 m. El maletero sigue guardando buenos 290 litros (y eso que tiene una rueda auxiliar de tamaño completo: 165/70 R14).

Renault Kwid

Dicho eso, vamos a los cambios. El Renault Kwid II denota a simple vista que es algo nuevo. Y es que tiene una trompa totalmente renovada, donde se proyecta un look mucho más apegado a los tiempos. Los faros halógenos que antes estaban a la altura de la grilla fueron desplazados hacia abajo (donde antes hubo neblineros), para dejar como protagonistas a unas luces LED de encendido diurno en forma de tira, que asoman como una extensión visual de las líneas horizontales cromadas que acompañan al rombo central de Renault (este aún es el logo viejo). En la zona más baja, también hay una sutil renovación, ya que la banda gris con tres óvalos negros fue sustituida por un diseño del mismo tono, pero solo con dos aureolas en los costados. Estos citados cambios en la cara del Kwid sientan todos muy bien, porque -como se dijo- lo posicionan como un auto de impronta mucha más moderna.

Renault Kwid

En los costados casi no hay cambios. Y es casi, porque en esta versión Outsider, la tope de gama -por encima de la Zen e Intens-, Renault sumó llantas bitono con seis radios en forma de ‘Y’. “Antes ya traía”, dirá por ahí algún despistado, pero lo cierto es que no: primero, no eran llantas de aleación, sino ‘embellecedores’ plásticos puestos y apernados por encima del acero y, segundo, que eran unas tapas totalmente negras, amigas del polvo más de lo recomendado. Así las cosas, esta mejora aporta también mucho en cuanto al look. Los neumáticos son Continental de aro 14, en medida 165/70.

Renault Kwid

La apernadura de a tres no cambia en esta actualización.

¿Y atrás? Apenas dos micas deflectoras en los costados, que sirven para que el vehículo sea visible de noche, aun cuando esté con las luces apagadas. El resto, todo, todo igual.

Renault Kwid

¿Qué crítica le haría a este conjunto exterior? Las únicas cosas que en lo personal mejoraría o cambiaría si este fuera mi auto, serían la antena, que es particularmente larga -no sé con qué fin- y las luces halógenas principales, que con su tonalidad amarillenta poco juego hacen con las DRL. A veces pequeños cambios hacen grandes diferencias.

A bordo

En el interior, este Kwid Outsider se olvida de los tonos cobrizos de su antecesor (estaban en la palanca, paneles de puertas y tapicería), para decantarse por tonos oscuros mucho más clásicos en los asientos mezcla de tela con ecocuero. Se percibe así bastante más sobriedad. Las butacas delanteras con apoyacabeza incluido siguen llevando en bordado la leyenda ‘OUTSIDER’.

Renault Kwid

Otro cambio bastante notorio -y que también había sido una de mis críticas por allá por 2021- tiene que ver con el sistema de infoentretención. En este Fase 2 se cambió, y por suerte fue para bien. El actual modelo integra una pantalla de 8” compatible mediante cable con Android Auto y Apple CarPlay (antes era de 7”), que además tiene una clásica perilla para subir y bajar el volumen y una tecla ‘push to talk’, para, por ejemplo, llamar a un contacto utilizando la voz. Otra vez son mejoras pequeñas, si se quiere, pero que en el día a día terminan agradeciéndose más de lo que uno pensaría a priori. Por el lado de los ‘peros’, al audio de apenas dos altavoces delanteros le faltan varias yardas para acercarse a uno de término medio. El volante, aunque tiene unas líneas que simulan un forrado en cuero, es 100% de polímero. Sigue no habiendo un reposapiés al costado del pedal de embrague.

Hay más cosas el lado de las buenas. Ahora el tablero de instrumentos dispone de una pantalla central que brinda mucha información -velocidad, odómetro, autonomía, consumo instantáneo y promedio e incluso un testigo que acusa cuando alguna rueda ha perdido presión- y que se complementa con dos relojes laterales análogos de rellenos interiores digitales (tacómetro a la izquierda y temperatura del motor y nivel de combustible a la derecha), que proyecta la equivocada impresión de que fuera todo un solo conjunto. Se ve simple y ordenado. Todo es intuitivo.

Otra más: la guantera sigue siendo enorme. Con mucho fondo, como para guardar de todo.

Me siento atrás. Digo lo positivo: hay tres apoyacabezas y tres cinturones de tres puntos. Digo también lo mejorable: las ventanillas siguen siendo de sube y baja manual, relacionado con lo primero, lo cierto es que me parece imposible que aquí quepan tres personas. Ya está dicho, este es un automóvil sumamente delgado y entonces con dos adultos de contextura promedio ya no queda espacio en el medio. Para sentar a tres, tendrían que ser dos niños y un adulto, porque dos adultos y un niño ya parece muy complicado.

En marcha

Llega la hora de moverse y como siempre hay que primero fijar la posición de manejo. Aquí vuelve a aparecer un problema que este Kwid no superó pese al cambio de fase: ni el asiento ni el volante tienen ajuste de altura (y el E-TECH tampoco lo tiene). ¿Y entonces cómo uno busca su punto de manejo más cómodo? Nadie parece habérselo cuestionado en su matriz de Brasil, pero yo entonces recurro a la única salida posible, que no es tampoco la óptima: reclinar más el respaldo. Al final tampoco es una posición natural y a la larga termina por cansar.

Ajusto los espejos con los botones en el lado izquierdo del tablero, pongo primera y salgo. Por el sonido que hace, me acuerdo de que este es el mismo motor 1.0 litros de 66 Hp de la Fase 1, un propulsor que por su naturaleza tricilíndrica es algo vibrón e incluso traspasa esa tendencia al pedal de embrague. Nada notorio en exceso, pero para el que es quisquilloso, se percibe.

Bastan pocos kilómetros para que el Kwid deje en claro que la calle es su lugar, como decía una famosa canción de rock ochentera. Primero, porque la caja manual de cinco marchas está optimizada con relaciones cortísimas, de manera que al auto no le hace falta escalar mucho en el cuentarrevoluciones para ganar velocidad (aquí se beneficia de su bajísimo peso en vacío, que raya la tonelada). Es fácil arrancar sin demoras en cada luz verde o meterse en cualquier recoveco que el tráfico santiaguino permite a los de este tamaño.

Y también porque la suspensión -que sigue teniendo la tendencia a inclinarse en curvas peraltadas o pronunciadas como la bajada de La Pirámide- en la ciudad es una gran aliada para sortear tachas, sobresaltos, junturas de pavimento, lomos de toro y parches mal hechos. Cuando las marcas hablan que los autos Mercosur “están adaptados a las realidades de la región”, se refieren precisamente a esto. Y al final del día, quien convive a diario con ello, prefiere andar sin sobresaltos que a los golpeteos que terminan maltratando al auto y doliendo a la moral de quien quiere y mima al suyo. “Preferiría romperme una pierna antes que pegarle al auto”, me dijo alguien una vez, no sé bien si en broma o de verdad.

En la carretera, el Renault Kwid 2022 no se aparta de lo que ya proyectaba como impresión el Fase 1. Digo, a 120 km/h el auto va por sobre las 4.000 rpm, aunque ese ritmo agitado -viendo lo positivo- no se traduce en lo absoluto en una merma de rendimientos (el consumo instantáneo aquí no baja de los 18.5 km/l). Los autos con ADN francés saben bien de esto. La gran diferencia de esta pequeña evolución presentada en enero en Brasil está en esto que llamo las sensaciones: es que cuando uno comprende la importancia de elementos de seguridad tan vitales como el ESP -que este Kwid por fin integra de serie- naturalmente también conduce con la tranquilidad de que es mucho menos probable que todo se salga de control. Entonces, como digo, uno va más confiado. Es así. Otra cosa que hay que decir, es que este Kwid sigue siendo el único citycar de este segmento con cuatro bolsas de aire (dos frontales y dos laterales).

La reversa se engrana solo levantando la parte alta de la cofia.

Conduje este Kwid de lunes a viernes, en proporción de 80% ciudad y 20% de carretera. A los números: el computador finalmente marcó 15,1 km/l, lo que me pareció un consumo muy noble para un automóvil que justamente enarbola las banderas de la eficiencia. El estanque hace 40 litros, de modo que a ese régimen de 8:2 el Kwid anda sin problemas 600 kilómetros.

En suma, y así lo manifesté a quienes me lo preguntaron, me pareció que este Kwid mejoró donde debía. Primero en seguridad, algo que no se ve pero que sí que vale; segundo, en look y también en confort (con su nueva y funcional pantalla central). Que sigue teniendo cosas pendientes, como el tema de los ajustes de volante o asiento, no puede negarse, pero finalmente creo que el Renault Kwid está bastante a la altura para ser considerado como uno de los citycars actuales con mejor presencia y tasa de respuesta de eso que llaman precio/calidad.