La industria automotriz es difícil, y más todavía cuando se está en plena época de cambio de paradigma. De la proliferación de startup que querían ser «la siguiente Tesla«, apenas sobrevive un puñado, y el número seguirá reduciéndose. Canoo es otra más que marcha hacia el abismo financiero.
De tener contratos asegurados con la Compañía Postal de EE.UU. para proveer las nuevas vans de reparto, a enviar a los trabajadores de vacaciones obligadas, indefinidas e impagas; Canoo pasó de un extremo al otro. Los trabajadores no tienen claro si en enero volverán a trabajar o a recibir las cartas de despido, en una empresa que -aseguran- despilfarró hasta perderlo todo.

Los reportes indican que para abril de este año, el CEO de Canoo había gastado en el jet privado más que todos los ingresos del año pasado y aseguran que los sueldos para todos eran muy altos, considerando que la empresa no había fabricado un solo auto.
Esperaban que las cosas cambiaran cuando en noviembre presentaron las primeras unidades, instancia en la que incluso el gobernador de Oklahoma se unió a las celebraciones, ya que habían pasado casi 17 años desde que se fabricaba un vehículo en ese estado. Pero resultó ser que, aunque dentro de la planta tienen todas las herramientas y maquinarias para fabricar autos, esos no se hicieron allí sino que en otra empresa, en Texas.
