Según Reuters, el senador republicano Bernie Moreno anunciará en los próximos días un proyecto de ley que busca endurecer aún más el bloqueo de Estados Unidos a los autos chinos. La iniciativa apunta derechamente a cerrar el mercado, impidiendo el ingreso de cualquier vehículo vinculado a China, ya sea por hardware, software o asociaciones.
El movimiento se suma a lo ya impulsado por la administración de Joe Biden, que estableció una normativa que en la práctica prohíbe desde enero de 2025 la venta de autos chinos en EE.UU., argumentando riesgos de seguridad nacional por la recopilación de datos.
La ofensiva política cuenta con respaldo de la industria local. De hecho, diferentes actores del sector ya habían solicitado reforzar las restricciones antes de una eventual reunión entre Donald Trump y Xi Jinping.
Moreno fue más allá y dejó clara su postura: “No habrá autos chinos en nuestro mercado”, afirmó. Incluso, llamó a que otras regiones sigan el mismo camino, apuntando directamente a Latinoamérica, México, Canadá y Europa.

Pero el tono subió aún más. El senador calificó a los autos chinos como un “cáncer”, asegurando que “vamos a impedir que ese cáncer entre en nuestro mercado” y que será necesario que otros países “apliquen la quimioterapia”.
Sin ir más lejos, en febrero el propio senador apuntó contra Waymo durante una audiencia, criticando su vínculo con Geely —matriz de Zeekr— y acusando a la firma de Alphabet de contradecir los objetivos de liderazgo de EE.UU. al utilizar vehículos chinos en su programa de robotaxis.
Sin embargo, la medida generó una rápida reacción desde China. La embajada china en Washington acusó a Estados Unidos de levantar barreras artificiales, incluyendo “políticas de subsidios discriminatorias”, y afirmó que la propuesta “viola los principios de la economía de mercado y la competencia leal”, calificándola como un caso de proteccionismo.
En paralelo, se proyecta que Donald Trump viaje a China en mayo, en un contexto donde ambas potencias buscan mantener cierta estabilidad tras meses de tensión.
Eso sí, el propio Trump ya había dado señales de apertura a comienzos de año. En enero, aseguró que vería con buenos ojos que fabricantes chinos produzcan vehículos en suelo estadounidense: “Si quieren instalarse, construir fábricas y generar empleo local, bienvenido sea”, señaló.
