Después de la excitación y alboroto del mercado por correr a tener al menos un auto eléctrico que ofrecer, la demanda decayó tanto, que se llegó a un punto de inflexión donde muchos fabricantes están echando pie atrás en el desarrollo de modelos eléctricos, e incluso ya se oyen voces que piden repensar los plazos autoimplantados por distintos países para dejar atrás los autos a combustión interna.
Y si bien los híbridos se alzan como una buena alternativa en el plazo intermedio hacia la electrificación total, Rolls-Royce se niega a su desarrollo y uso, por razones bien curiosas. La principal, es que los híbridos carecen de «potencia sin esfuerzo, y de waftability«.

¿Y que changos es waftability»? De acuerdo al CEO, es un término que usan en la compañía para describir la experiencia de conducción suave y sin esfuerzo; el viaje donde se siente la aceleración suave pero refinada (sin tirones), una suspensión firme pero que evita traspasar los baches a los ocupantes, y una aislación que hace que sus pasajeros se olviden que llevan mucho tiempo en la carretera.
De todas formas, en Rolls-Royce están confiados en que su futuro será eléctrico, pero el retiro de sus motores a combustión no pasará antes del fin de esta década, fecha que mantienen flexible, dependiendo de la demanda de sus clientes.
