Para nadie es novedad que la imposición de aranceles extra por parte de Trump sacudió la industria automotriz, generando complicaciones que siguen hasta ahora, y que si bien es un mercado muy importante, sigue siendo sólo uno. Pero según los últimos reportes, sería una de las justificaciones que están ocupando medios alemanes para explicar la crisis de la industria automovilística de ese país.
La que tiempo atrás era una de las fuerzas de trabajo más potentes del país, ha ido disminuyendo progresivamente con el pasar de los años. El año pasado se redujo en un 7%, resultando en un aproximado de 51.000 puestos de trabajo perdidos, y si se compara con los niveles prepandemia del 2019, son 112.000 los puestos de trabajo que falta por recuperar para quedar al mismo nivel.

Las principales excusas son por los aranceles de Trump, que han hecho disminuir las exportaciones a ese país. Pero también hay que considerar los fenómenos de la automatización del proceso de fabricación, que inherentemente elimina puestos de trabajo en favor de una mayor producción, junto a las restricciones ambientales, que también frenan la producción por los tiempos de desarrollo extras que requieren las marcas, para poder alcanzar los niveles exigidos.
Pero también está China. La irrupción de las marcas que provienen de ese lado del mundo, especialmente en los segmentos generalistas, han desplazado a marcas tradicionales como Volkswagen, quienes han visto cómo sus precios suben y se alejan del público masivo. Y también está el factor eléctrico, donde las marcas alemanas no han logrado innovar en vehículos eléctricos como las chinas, quienes llevan años de ventaja en desarrollo.
Las autoridades alemanas se enfrentan a un problema del que no se ve salida. La mano de obra cada vez más cara impulsa la automatización, y la electromovilidad aún no toma el impulso que esperaban (a nivel tecnológico como comercial), por lo que todo indica que esto sólo se acrecentará con el paso del tiempo.

