La tendencia de la industria automotriz con los EVs viene clara. Y es que si el movimiento emancipador por las ‘cero emisiones’ comenzó -paradójicamente- con vehículos de los segmentos C, o incluso mayores; ahora el sector parece haber girado también a los formatos más pequeños, que naturalmente resultaban una solución más fluida (en el entendido de que los eléctricos tienen su hábitat en lo urbano, donde los pequeños A y B priman). Pues ahora Cupra también lo entiende así y ya se atreve en Europa con su eléctrico más compacto a la fecha, el Raval (4 m), que se presentó recién en abril, y Rutamotor conoció en su matriz de Martorell y que pudo conducir como una especie de primer sorbo antes de que en los próximos meses el modelo embarque a Chile en el puerto de Barcelona. ¿’Mola‘ el nuevo Cupra? Vamos viendo…

El Raval, en una detención hacia el Macizo de Montserrat, a 35 km del centro de Barcelona.
Lo primero que habrá que decir es que el nuevo Raval es el primer modelo de la marca española edificado sobre la plataforma dedicada MEB+, de layout de motor delantero y tracción FWD. Se trata de la misma arquitectura que sostiene al Volkswagen ID. Polo -que se produce en la misma línea de ensamblaje del Raval- y de los SUVs VW ID. Cross y Škoda Epiq, que a su vez son hechos desde cero en la planta de Volkswagen Navarra, en Pamplona. Así, con justa razón en Martorell inflan el pecho al recalcar que España es el segundo productor europeo de automóviles, con casi 2 millones de unidades, solo por detrás de Alemania (que totaliza 4 millones) y por delante de históricas potencias, como Francia e Italia.

Un Raval y un ID. Polo. Así es como va habitualmente la línea de montaje N°1 de Martorell, a menos que la orden sea dar más tiraje momentáneo a uno por sobre el otro.
En medidas, tal como se dijo, el Raval es el vehículo más pequeño producido por Cupra. Tiene 4.04 m. de largo, 1.78 m de ancho y 1.51 m de altura, con una distancia entre ejes que alcanza los 2.60 m. Marca sobre la báscula 1.6 toneladas (considerando a su conductor), guarda 441 litros en el maletero y, en versión tope VZ, lleva llantas de aleación carenadas y tri-tono (negro, gris y cobre) de 19 pulgadas, con neumáticos Bridgestone Potenza Sport de medida 235/40.

La boca de carga, ubicada en la branquias del lado del copiloto, soporta potencias de 100 kW para una recarga al 80% de 25 minutos.
Por fuera, el Raval es un hatchback B con notoria forma de cuña, pero a su vez con una línea de cintura alta, para insertarse casi en la división de los crossovers. Su silueta está esculpida por trazos marcadamente Cupra, vale decir, agresivos, angulosos y aerodinámicos, que permiten -junto a manillas al ras- un coeficiente de roce afinado como en ningún otro de sus hermanos (0.27 Cx). En concordancia con otros modelos de la firma, dispone de conductos canalizadores de viento hacia las ruedas directrices, mientras que la iluminación delantera y trasera repite los patrones de tres triángulos ya vistos en Chile por primera vez en el dúo Formentor / León.

Puertas adentro el Cupra Raval no grita su naturaleza eléctrica. De hecho, todo lo contrario: tiene un clásico volante deportivo achatado en la base con dos botones inferiores para moverse entre los modos de conducción y también el impúdico modo Cupra. Cuenta con un tablero en el que vuelven a predominar los tonos grises y cobre, e incluso dispone de paletas tras el volante, aunque en este caso no son para administrar su caja de cambios, sino que para ajustar la intensidad de la frenada recuperativa de energía. Con la paleta izquierda se incrementa la regeneración, en tanto que con la leva derecha se libera el sistema para que sus 226 caballos vayan rienda suelta. Hay tres niveles.

Las plazas delanteras son en la práctica butacas con cabezales integrados, con ajuste eléctrico y calefacción, y están manufacturadas con elementos reciclados. Asimismo, la iluminación ambiental es potente y recorre todo el frente del tablero, incluyendo las puertas. Así, lo único en que lo que el Raval se siente un eléctrico propiamente tal, es en el hecho de que no posee un botón de encendido: basta subir con la llave en el bolsillo y poner D en su varilla giratoria a la columna de dirección, para dar el vamos.
Cupra de tomo y lomo
Por su naturaleza de eléctrico y el hecho de llevar una batería en medio del chasis, la posición de manejo del Raval no puede asemejarse a la que tiene un automóvil con motor térmico, como el León Sportstourer que Rutamotor condujo hace tres años también en España. Pero, ahí es donde asoma la magia del diseño, puesto que -como se dijo- la carrocería del Raval posee una línea de cintura alta, lo que permite la ilusión de estar en una posición más apegada al piso de la que realmente se tiene.

Una vez en marcha el hatchback español comienza a dar muestras de que su tenida de deportivo en tamaño pequeño no es solo eso: una mera declaración. También es una realidad, porque el vehículo goza de una puesta a punto enfocada hacia el desempeño: tiene 226 caballos y 290 Nm de par, además de una suspensión variable que en su modo estándar ofrece firmeza y confianza para movimientos sin bamboleos ante exigencias laterales (aquí sus butacas también sacan a relucir su gran capacidad de sujeción). Su velocidad punta está limitada a 175 km/h y su sprint desde parado hasta los 100 km/h tarda 7.1 segundos.

No se crea. Son 177 km de autonomía, no 177 km/h.
En el tráfico urbano el Raval es despierto, sin atisbos de demora ante las luces verdes. Los neumáticos de 235 mm de contacto al piso garantizan esa veloz respuesta y, en paralelo, sus sistemas de asistencias avanzadas a la conducción lo ponen muy fácil para no pecar de infractor, especialmente en ciudades donde los límites están restringidos a 30 km/h en varios tramos: el lector de señales está muy bien calibrado y emite una alerta apenas se excede esa velocidad prefijada por la autoridad.

Otra cuestión que me resultó llamativa, porque no es lo habitual en un EV -al menos de los que se vende en Chile- es su sistema de regeneración. Más allá de que las paletas permitan elegir uno mismo el nivel de la intensidad, a menudo el Raval -haciendo gala de su tecnología- se autosetea en modo inteligente de recuperación energética, para justamente emplear el modo más eficiente según el lugar y el tipo de conducción que se está ejerciendo. Es algo que ya había visto en camiones pesados, que, de acuerdo con un pre mapeo geográfico, van escogiendo con antelación la marcha idónea para propender a un fin último: la eficiencia. Aquí es igual, pero con la regeneración, que como se dijo, opera a tres niveles.

Nuestro Raval cargando en los estacionamientos del complejo de Cupra, en Martorell.
Finalmente, en cuanto al tema de baterías, el Raval VZ emplea una batería NMC de 52 kWh de capacidad, lo suficiente para unos 430 a 450 de autonomía en ciclo WLTP. El paquete está diseñado para soportar potencias de carga de 100 kW, lo suficiente como para que la pila retome hasta el 80% de su carga en solo 25 minutos. Lo estacionas, tomas un café, revisas el teléfono y ya está…

En plena conquista de Europa, el Raval fija como su próximo objetivo los mercados de ultramar, donde Chile asoma como uno de sus primeros destinos. De acuerdo con la marca, debutará en 2027, muy probablemente a mediados de temporada.
¿Qué te parece el Cupra eléctrico más chico hasta ahora?
