[Desde Alemania] Viaje al centro de la tierra… de lobos

En Rutamotor volamos hasta Wolfsburg -el hogar desde siempre de Volkswagen- un absoluto imperdible para cualquier amante de los autos. Aquí, donde modelos tan icónicos como el Escarabajo, el Kombi o el Golf cobraron vida para trascender en la cultura popular de Occidente, hay mucho para ver y contar, como lo que está contenido en las siguientes líneas…

Enviado especial a Wolfsburg
por José Ignacio Gutiérrez
Lobos Volkswagen

Como el reconocido libro de Julio Verne, que transcurre en Hamburgo, y es en resumen un relato de ciencia ficción de un viaje al centro de la Tierra, en Rutamotor recibimos la invitación para ir al centro de la tierra… pero a una de lobos. Al menos ese es el significado literal de Wolfsburg. Esta ciudad fundada en 1938 estratégicamente a orillas del río Aller, tuvo como único fin albergar a la gran masa obrera que llegó a Baja Sajonia seducida por la atractiva premisa de dar vida al ‘auto del pueblo‘ (volks-wagen). Así es como hace 90 años arrancó la historia de la compañía, que con el tiempo convirtió a su pequeña sede en la fábrica automotriz más grande del mundo; y -solo para los fines específicos de este texto- así es como también inició la nuestra por la Autobahn a bordo del nuevo Tiguan PHEV, una de las casi 48 millones de unidades que a 2026 han salido de este verdadero epicentro del orgullo alemán.

El Volkswagen Tiguan eHYBRID es el ya confirmado próximo modelo de la marca en Chile (ver nota anexa). Lo recogimos en el aeropuerto de Frankfurt, después de volar desde Santiago, vía São Paulo. Días antes, Pablo Viollier, encargado de Comunicaciones de Porsche Chile, me había preguntado si acaso me molestaría tener que manejar cuatro horas hasta Wolfsburg, apenas aterrizados. Casi lo consideré una ofensa. No se lo dije, pero lo pensé. La felicidad que me produce conducir es lo que hizo que me convirtiera hace más de 10 años en periodista automotriz y en conductor profesional, hace algo menos. Pero, no tan rápido. Ley de Murphy. Finalmente, mi primer puesto es el asiento trasero del Tiguan, desde donde comienzo a maravillarme con la infraestructura de la venerable Autobahn y, sobre todo, con esa envidiable cultura vial alemana. Con seguridad, este país -donde en muchos tramos no hay límites de velocidad máxima- es el más seguro donde he conducido (y ya llevo casi una veintena). Por ahora saco ventaja de mi condición de pasajero y aprovecho para capturar a un peregrino que -capota abierta- va feliz camino a sus orígenes.

Volkswagen

Al llegar a Wolfsburg lo primero que los fanáticos de los autos van a percibir, son las características cuatro chimeneas de la usina de Volkswagen, que por décadas expulsaron el humo del carbón mineral que utilizaba el complejo, y que hoy siguen en pie apenas como testigos de la constante evolución del primer fabricante motor europeo (por volumen). Una de las guías nos explica que en diciembre la empresa decora las cuatro torres con motivos navideños, creando -junto con el frío y la nieve- las mejores postales de todo el año. Lo imagino y realmente lo creo.

Otro, camino a su matriz.

Dato disparador: el Lupo

El día de llegada a la cuna de Volkswagen juegan Francia vs Marruecos, por los cuartos de final de la Copa del Mundo. Con mis colegas nos organizamos para ir a ver el partido en un bar. Camino al centro me encuentro con un Lupo, un citycar que Volkswagen fabricó entre 1998 y 2005, y que yo recordaba muy bien, porque en 2002 aparecía en mi álbum Auto Show, de Salo. En la luneta dice ‘Attenti al Lupo‘, frase de la canción italiana que se popularizó en Chile a inicios de los 90. Lo encuentro ingenioso y lo comparto en mis redes sociales y en las de Rutamotor. Luego le encontraría todavía más sentido….

Al siguiente día visitamos el Autostadt (ciudad del automóvil, en alemán), una especie de parque temático y recreativo de Volkswagen, ubicado a un costado de la citada fábrica. En él se reúnen personas de todas las edades a disfrutar de caminatas, paseos en bicicleta, conciertos en un mini anfiteatro y, más increíble aún, se ven a familias de toda Alemania que vienen desde lejos para recibir sus ‘0 km‘. ¿Cómo así? Claro, esa es la mayor magia que aquí ocurre, generadora de recuerdos para grandes y chicos en esta que es la más genuina ciudad del automóvil.

Experiencia y un recuerdo que atesorar

Todo arrancó a mediados del 90, cuando Volkswagen se propuso construir dos torres cilíndricas, con paredes de vidrio y de casi 50 metros de altura. Cada una de ellas capaz de albergar 400 vehículos, distribuidos en 20 pisos. La idea terminó por plasmarse en 2000 y en 2013 quedó registrada en el libro de los Guinness por ser el estacionamiento más rápido del mundo. Los ascensores centrales van hasta el último piso en 33 segundos y, en promedio, depositan un auto en su cubículo en 45 segundos.

Más allá de lo llamativo que resultan por sí solos estos dos edificios, lo que marca realmente la diferencia es la experiencia inigualable que se ofrece al cliente: comprando un auto en cualquier punto de Alemania, se puede pagar un extra para viajar en familia hasta Wolfsburg, alojarse en el Ritz-Carlton frente a la fábrica y recibir el ‘0 km‘ al día siguiente en una forma muy personalizada. «Soy un fanático de la marca. De hecho, tengo un Golf GTI MkI de colección, y me acuerdo como si fuera hoy cuando vine con mis papás a recoger el Touran que tuvimos por años en la casa«, cuenta Jan, el guía que nos dio la charla en esta parte del recorrido.

Para seguir la conversación, le cuento lo del día anterior: que vi un Lupo estacionado en la calle, muy bien tenido. Ambos coincidimos en que ‘lupo‘ significa ‘lobo‘ en italiano, pero él me apura con una pregunta. «Sabes por qué ‘Lupo’, ¿no?«. En el minuto no tenía idea, y no divagué. Me cuenta del origen del nombre Wolfsburg -lo de la tierra de lobos, explicado más arriba- y agrega con gracia que el modelo se convirtió en el favorito de los trabajadores italianos de Volkswagen, quienes de algún modo se sintieron honrados por este juego de palabras en su idioma. «Y esto viene de mucho antes«, remarca. «¿O acaso no has visto el centro del volante en Golf GTI de 1976?«. Todo calza…

Digeridos los valiosos aprendizajes automotores, llegaba la hora del almuerzo. Aquí es casi una obligación pasar por el restaurante del Autostadt y pedir una currywurst, la famosísima salchicha de cerdo alemana -hecha por la propia Volkswagen desde 1973- y acompañada de papas fritas y una cerveza (con alcohol). Este ritual que los peregrinos hacen al menos una vez en sus vidas, lo había leído alguna vez en Internet. Ahora también lo puedo contar en primera persona. La marca declara que más de 9 millones de salchichas han salido de producción y, dependiendo de la performance del mercado, incluso hubo temporadas en las que se vendieron más currywurst que vehículos.

Donde todo ocurre

Por la tarde tenemos cita con Hassan, otro de los guías de la experiencia de un día de inmersión en Volkswagen. Él nos abre las puertas a las entrañas de la fábrica, donde laboran a diario 65 mil empleados. Al volante de un concepto descapotable del primer Golf eléctrico nos pasea por todos los recovecos de esta planta de más de 6.5 millones de m2 (con 1.6M construidos). Ninguna otra factoría automotriz es más grande que esta, destaca nuestro orgulloso guía.

Vemos de cerca cómo los SUVs Tayron y Tiguan cobran vida en las líneas de montaje que comparten, pasando de ser simples piezas individuales a modernos vehículos inteligentes, con todo el nivel de asistencias avanzadas que hoy Europa mandata. También somos testigos del paso a paso del Golf, el auto más vendido de Alemania y sucesor a partir de mediados del 70 del Escarabajo: a ese primer éxito de Ferdinand Porsche, Volkswagen encadenó uno todavía más grande y aún hoy con plena vigencia, reafirmando su inobjetable cartel del ‘auto del pueblo‘. En números, Wolfsburg ha dado a luz más de 20 millones de Golf en ocho generaciones.

Hablemos de cultura vial

Es el fin del día y al siguiente hay más de 500 km hasta Colonia. Nuevamente Pablo me pregunta si es que acaso no me molesta conducir seis horas. A estas alturas ya preferí no contestar. La Autobahn me espera, ahora conmigo al volante. Apenas al tomar la red de carreteras alemanas uno siente una especie de salto al futuro, o al menos debería serlo si es que Chile siguiera la senda correcta. Las famosas autovías alemanas no solo disponen en la mayoría de sus tramos de tres o más carriles, sino que además es una carpeta hecha con un asfalto de altísima calidad, liso y prácticamente sin imperfecciones. Incluso, las líneas blancas continuas de los costados y las discontinuas entre carriles están marcadas con micro poros, que, al contacto con el neumático, generan un ruido capaz de alertar a cualquier despistado.

También por el tráfico urbano, con límites de 50 y 30 km/h, tal como en Chile.

A poco andar en mi ruta al sur al volante del Tiguan eHYBRID, aparece el cartel que estaba esperando: el rectángulo blanco con círculo y cinco rayas negras en diagonal (que se replica en mi cuadro de instrumentos). Es mi primera vez sin límites de velocidad en Alemania. Rápido me doy cuenta de la gran cultura vial del país: aquí las pistas de aceleración se utilizan de la manera correcta, vale decir se usan hasta casi el último metro para igualar la velocidad de los vehículos que vienen y solo entonces incorporarse; las líneas continuas ‘son lava’ y, por ende, nadie las pisa ni menos las cruza; los camiones -que circulan a un máximo de 85 km/h- mantienen siempre la pista de más a la derecha, excepto cuando sobrepasan a otro vehículo pesado (luego, como es hasta de sentido común, regresan a su carril). Lo que me resulta más llamativo, ningún automovilista sobrepasa por la derecha. Sencillamente esa acción no está dentro de las posibilidad de nadie. Parece de perogrullo, pero qué gran brecha existe entre cabalmente aprender a manejar y tan solo manejar.

Donde fueres haz lo que vieres. Al final voy como la mayoría, a 160 o 170 km/h. Si alcanzo a un vehículo, como los veteranos camino de Wolfsburg, señalizo y hago una maniobra completa de sobrepaso; si me pillan, lo mismo hará cualquier otro conductor.

También hay un factor de actitud que noto al llegar a tramos en obras, donde los límites de velocidad vuelven a aparecer en los letreros de las bermas y, por ende, también en la instrumentación del Tiguan. Cuando la Autobahn se achica a solo dos carriles, no asoman esa especie de irrespeto vial por colarse a último minuto desde el carril cerrado para ganar 10 o 15 segundos a costa del resto; ni por tanto tampoco esa respuesta, casi natural del que se siente pasado a llevar, de acelerar para no dejar vía libre a lo que considera una injusticia. Es exactamente al contrario, en general los automovilistas disminuyen la velocidad tanto como sea necesario para permitir las incorporaciones y agilizar el ritmo colectivo. Es como un civismo vial.

Da para pensar…

¿Cómo puede ser posible que el país donde los autos (que pueden) circulan a 200 km/h o más, sea al mismo tiempo un ejemplo en materia de seguridad vial? ¿Qué saben aquí, que el resto no? También publiqué esta pregunta en mi cuenta de Instagram, porque realmente me interesa e intriga.

Crecí escuchando a ‘expertos’ de ocasión que achacaban el tema de la inseguridad vial justamente a la velocidad. Lo cierto es que en cifras, en 2022 las carreteras alemanas cobraron 3.3 fallecidos en accidentes por cada 100 mil habitantes. En 2024, Chile más que dobló la cifra, con 7.7 muertos. Para poner en contexto, otros países europeos, como España, Francia, Portugal o Italia, están también por detrás del caso alemán, con índices que fluctúan entre 3.7 y 5.3 fallecidos. Que revelen la fórmula y que por una sola vez copiemos de los buenos.

Los lentos, por el primer carril.

Después de manejar desde temprano, haciendo las correspondientes detenciones para recargar el estanque y batería -las nuestras y las del Tiguan eHYBRID- llegamos a destino. Este largo viaje me sirve para filosofar lo recién descrito y también para soltar las muñecas para el desafío que voy a enfrentar en dos días: manejar hasta Núremberg una van y un tractocamión de MAN, la longeva marca de vehículos pesados, co-inventora en 1893 del motor diésel y que en 2011 pasó a estar definitivamente bajo el paraguas de Volkswagen.

A todo esto, ¿viste el animal en el centro del volante del MAN? Bueno, esa sí que ya es otra historia, que espero poder contar en los próximos días…

   

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