El Insurance Institute for Highway Safety cumplió 30 años desde que arrancó las pruebas de impacto en Estados Unidos y, para celebrarlo, hizo lo que más sabe: colisionó entre sí dos Chevrolet Blazer, uno de 1996 frente a otro de 2026. Los resultados muestran que los avances de la tecnología y de la seguridad vehicular no dejan espacios a dobles lecturas. Y es que mientras el conductor del viejo Blazer hubiera probablemente muerto; el del actual modelo saldría por sus propios medios del vehículo. ¿No lo crees?
Tal como se aprecia, el habitáculo del SUV actual permanece intacto. Todas las mediciones de lesiones realizadas al maniquí del conductor, salvo en el pie derecho, mostraron un riesgo mínimo de lesiones. El señalado riesgo de lesiones en la extremidad inferior derecha fue ligeramente elevado, pero aún dentro de los límites aceptables.
En contraste, el impacto aplastó el habitáculo del Blazer 1996, empujando el tablero y la columna de dirección contra el tórax del maniquí. El airbag, completamente inflado, golpeó al maniquí en el mentón, ladeando su cabeza hacia atrás y luego contra la ventanilla. Lo descrito provocó la rotura de la articulación de la parte superior del cuello del maniquí, y la cabeza se desprendió del cuerpo.
En un reciente estudio, el IIHS estableció que gracias al avance en seguridad que ha promovido se han salvado cerca de 50 mil vidas en Norteamérica y se han ahorrado más de US$ 500 mil millones en gastos. «Estos resultados ponen de relieve el papel fundamental de las calificaciones del IIHS en el impulso de muchas de las mejoras clave en la seguridad vehicular de los últimos 30 años«, declaró en un comunicado Joe Nolan, director de operaciones del IIHS. «Nuestro programa de calificaciones, a su vez, solo ha sido posible gracias al apoyo incondicional de nuestras empresas miembro, que financian nuestro trabajo«, sumó el ejecutivo.
Un cambio de visión
Habrá que decir que décadas atrás la industria automotriz no estaba enfocada en crear estructuras que absorbieran la energía provocada por las colisiones. Por el contrario, se utilizan carrocerías durísimas, que traspasaban gran parte de la la fuerza del impacto a los ocupantes. Lo que hoy termina resultando incluso más grave, es que no existía la concepción de una jaula o cápsula de seguridad que permitiera la supervivencia. En 2014, cuando el IIHS cumplió 50 años, ya realizó una prueba similar: por un lado un Chevrolet Bel Air de 1959 vs un Chevrolet Malibú de 2009.
¿Qué te parecen estos dramáticos resultados?
