Hay pruebas de resistencia y después está esto: subir un teléfono hasta la estratósfera, soltarlo desde más de 30 kilómetros y esperar que llegue entero al suelo. El experimento se realizó el 24 de junio de 2026 en Kiruna, Suecia, donde RHINOSHIELD y la empresa británica Sent Into Space consiguieron llevar una de estas pruebas a una escala difícil de repetir.
La marca oficial quedó establecida en 30.607 metros, distancia que Guinness World Records reconoció como la caída más alta de un teléfono móvil protegido por una carcasa sobre terreno natural.

Para realizar el desafío se utilizó un iPhone 17 Pro equipado con una carcasa RHINOSHIELD AirX. El teléfono no llevaba calefacción ni otra capa de protección para soportar las condiciones del ascenso, de manera que todo dependía de que el equipo resistiera el frío, el cambio de presión y, por supuesto, el golpe final.
El récord en números:
- Altura: 30.607 metros (más de tres veces la altura del monte Everest)
- Temperatura: entre -40 y -60 °C
- Tiempo de descenso: aproximadamente 25 minutos
- Presión atmosférica: cerca del 1% de la registrada a nivel del mar
Un año de preparación para soltarlo

El equipo necesitó cerca de un año para organizar la prueba. Desde el Centro Espacial Esrange, un globo estratosférico de helio elevó una carga especialmente construida para la ocasión, con cámaras, GPS, seguimiento de vuelo y un mecanismo que permitía liberar el teléfono a distancia.
La ficha del récord explica que se prepararon tres dispositivos para ser soltados a diferentes alturas. El que finalmente consiguió la marca salió desde los 30.607 metros, más de tres veces la altitud habitual de un vuelo comercial.

Guinness también había definido una serie de condiciones para aceptar el intento, entre ellas que la carcasa fuera la primera en golpear el terreno. La AirX utilizada en la prueba posee una estructura que, según RHINOSHIELD, toma ideas de las bolsas de aire de los automóviles y de la amortiguación presente en el calzado deportivo, con espacios destinados a distribuir la fuerza de un impacto.
El GPS ayudó, pero no hizo magia
Soltar el teléfono era solo una parte del trabajo. Después había que recuperarlo en una zona deshabitada dentro del área de pruebas de Esrange, una extensión restringida de entre 5.200 y 5.600 kilómetros cuadrados.

Las señales del GPS permitieron reducir la búsqueda a un radio aproximado de dos kilómetros, aunque encontrar un objeto del tamaño de un celular entre la vegetación y desde el aire no resultó sencillo. Dos ingenieros de Sent Into Space y dos camarógrafos recorrieron el sector en helicóptero durante más de cinco horas antes de dar con el equipo.
El teléfono apareció con su exterior intacto y todavía podía encenderse, apagarse, realizar llamadas y tomar fotografías. Para validar el resultado, la representante de Guinness revisó las grabaciones, los registros del vuelo, los testimonios y el estado del dispositivo.
Con esos antecedentes sobre la mesa, la adjudicadora Juliet Dawson entregó los certificados a los responsables del experimento. El registro oficial quedó fijado en 30.607 metros.
